jueves, junio 29, 2006

Irimi y Atemi: La distancia correcta

Aprovechando la línea de trabajo que se origina en el concepto "Irimi - Atemi" es interesante estudiar algunas de las primeras derivadas de su aplicación, desde un punto de vista técnico. Una de las sensaciones más interesantes que he experimentado recientemente en la práctica de aikido está vinculada al curso que el maestro Gilbert Milliat celebró en Granada en fechas recientes y que está relacionado directamente con el tema propuesto: la distancia correcta.

En dicho curso, además del concepto de permitir la continuidad del atacante no bloqueando su trayectoria ni interfiriendo la intención de su centro percibí una distancia de trabajo diferente a la de otras prácticas. Me resultó particularmente evidente en el trabajo de "shomenuchi - ikkyo".

Anotada dicha sensación y catalogada como muy agradable y llena de contenido, ha reivindicado su presencia recientemente en el trabajo de "irimi - atemi". De alguna forma se ha establecido una relación entre un concepto que se venía trabajando en el dojo de forma independiente y una sensación memorizada como muy interesante a la espera de ser estudiada.

Tomando el concepto "irimi-atemi" como una primera opción a la hora de tratar una agresión, sea un agarre o un golpe, un trabajo básico induce a la realización de un desplazamiento (irimi) hasta un punto en que la realización (atemi) puede ser llevado a cabo con la máxima eficacia. Sin menoscabar otras prácticas, también correctas y perfectamente posibles, me gustaría hacer hincapié en un punto de partida que ligue el trabajo de irimi-atemi desde el punto básico de la entrada y el golpe literal, hasta la ejecución de la técnica.

En numerosas ocasiones he experimentado la sensación de que, llegado un determinado punto, es incompatible el atemi (el ataque puro y duro, tras la entrada correspondiente) con el desarrollo de la técnica. Ante una determinada agresión, por agarre ó por golpe, la primera aplicación de principio irimi-atemi, es la entrada y la descarga del golpe. Esta estrategia, llevada a la práctica con sinceridad, es incompatible con el desarrollo posterior de una técnica. Si el atemi es sincero y las condciones son las que deben ser, se finaliza la situación tras el atemi exitoso; uke no tiene opciones de respuesta ni son necesarias, ya que la descarga es contundente, colocada y definitiva.

Creo, a día de hoy, que los atemis amagados, sin intención, con la única misión de "distraer" o hacer que el uke "afloje" un agarre, no son apropiados en el estudio del aikido. No cuestionaré, ni a favor ni en contra, su posible utilidad en una situación real, pero creo que tales amagos no tienen garantía alguna, no son precedibles sus efectos y su control y éxito no están en manos del tori, sino en una combinación de circunstancias que hacen que no puedan formar parte del estudio. Es cierto que un golpe de distracción puede funcionar, pero basar el entrenamiento en una circunstancia tan poco consistente como que el uke se distraerá con un atemi amagado (o planteamientos similares) es una pérdida de tiempo.

Aunque así fuera, sería como esperar que el atacante tropezara, estuviera distraido, pasara un transeúnte o cualquier otra circunstancia que, escapando al control del tori, no tiene sentido "ensayar". Si algo está claro es que el estudio se lleva a cabo entre aquello sobre lo que se tiene alguna influencia. Dicho de otro modo, si mi solvencia está en los deméritos del otro, no tiene sentido el estudio.

Por tanto, creo que el atemi que tiene sentido es el que es sincero, con intención de resolver definitivamente la situación. En tal caso, si la situación es solucionada de este modo, carece de sentido continuar con una técnica. Por otro lado, la técnica sólo puede tener lugar si el atemi no tiene éxito, ó no se produce. Es interesante esta doble vertiente. Un atemi sincero que no tiene éxito no es lo mismo que un amago de atemi. Este es un tema que dá para un estudio propio, que no es el objeto de este comentario.

En cualquier caso, como estudio práctico, quizá debería mostrarse que cada técnica posible, tiene un precursor en un irimi-atemi exitoso. Y es aquí donde se enlaza el concepto irimi-atemi con la distancia correcta. El primer ejemplo de distancia correcta para la ejecución de una determinada técnica podría establecerse en la distancia correcta para el atemi correspondiente precursor de dicha técnica. Suena un poco farragoso así que intentaré explicarlo con un ejemplo.

Consideremos una técnica básica de ejemplo, como aihanmi katatedori - ikkyo, de las primeras en ser enseñadas a los principiantes. La tendencia habitual es a realizar la técnica excesivamente lejos del uke, en parte motivado por la visualización de que se trabaja "sobre el brazo" de atacante. Esto suele originar un tori con el eje inclinado, poca consistenica en la realización y la sensación de oportunidad de abortar el trabajo en el uke. Una forma que tiene el practicante para ver si está una buena distancia es retrotaerse al "atemi precursor". Si el tori desarrolla un irimi a una posición tal que no estorba al uke en su trayectoria y su distancia le permite desarrollar un atemi potente, sin sacrificar su eje, se podrá apreciar que la distancia de trabajo es netamente más corta que aquella en la que se estaba intentando desarrollar el ikkyo inicialmente, todo esto en el supuesto de que la distancia fuera, como se consideró al inicio, excesiva. (NOTA: el atemi se lleva acabo por debajo de agarre, elevando el mismo por encima de la línea de trayectoria que va de la mano libre al objetivo del atemi, habitualmente el rostro del oponente). Si aplica esta misma distancia (ni un centímetro menos) y realiza el movimiento de ikkyo en lugar del atemi, encontrará que el uke pierde su eje sin apenas esfuerzo, que pierde asimismo su orientación y que el dominio de tori resulta evidente para ambas partes.

Dos matizaciones importantes respecto a esta práctica:

a) Al revés de lo que podría parecer en principio, es muy posible que una misma técnica tenga varias posibles "distancias correctas" puesto que, en mi opinión, no es un problema sólo de posicionamiento externo (tori vs. uke) sino también de posicionamiento interno (tori internamente en posición / situación correcta)

b) Esta práctica es el punto de partida en la interiorización de un principio, un ejemplo de todo un estilo de realización. Es un punto de descubrimiento especialmente ligado a ejecuciones muy estáticas, con muy poca dinámica en el movimiento, muy pausadas. Cuando la continuidad y/o la dinámica se incrementa, las distancias tienden también a crecer, ya que el efecto de los movimientos tienen un decalaje y un tiempo de reacción en uke que hacen que la distancia entre centros tienda a reducirse, por lo que conviene comenzar el trabajo antes para que el momento de eclosión se produzca en la situación idónea de armonía entre ambos practicantes.

Resumiendo, el binomio irimi-atemi tiene una aplicación directa evidente y puede servir de partida para el reconocimiento de lo que puede ser una "distancia correcta". El comentario técnico no sustituye nunca a la clase o a las indicaciones del profesor, pero un practicante puede encontrar una referencia en la "distancia de atemi" para mejorar su punto de partida y hacerlo de forma individualizada en su propia práctica, corrigiendo configuración de su eje y dando solidez y consistencia a la ejecución de sus técnicas.

Si experimenta en algún momento una sensación diferente y mejor, este artículo habrá consieguido, con creces, su objetivo.

1 comentarios:

clas dijo...

Es cierto que una se aprecia una linea común en las clases de algunos maestros a las que he asistido, pero lo que las enriquece es el toque personal que le dais cada uno de los profesores. Creo que eso no se debe abandonar y nos permita seguir disfrutando cada clase como hasta ahora