
Este fin de semana pasado hemos asistido algunos de los habituales al curso de Granada en el CARD de Sierra Nevada. La experiencia ha sido verdaderamente positiva. Desde un punto de vista general las instalaciones, que yo no conocía, son realmente espectaculares. En entorno es a la vez acogedor y serio. La sensación de alejamiento del mundo habitual es tan acusada que en un par de días puede uno olvidarse del exterior, y concentrarse en hacer aquello para lo que ha ido allí: aikido a tiempo completo.
El curso estuvo muy concurrido con asistencia de personal de numerosos puntos del país. La "familia" aportó una presencia numerosa, empezando por Ricardo con muchos de sus alumnos. Acudieron además practicantes del grupo de Paracuellos, de Majadahonda y de San Sebastián de los Reyes. Otros compañeros y amigos de diversos lugares acudieron también, incluyendo gente de de Granada, Alicante, Albacete, Murcia, Valladolid y muchos otros que me estaré dejando en el tintero.
Gilbert demostró ser de nuevo un gran maestro y no sólo de Aikido. Además de una excelente transmisión de conocimientos, supo establecer una relación cercana con todos los practicantes. Estuvo atento a la didáctica necesaria adaptada a los practicantes y puso de manifiesto, de forma sutil pero sin lugar a dudas, un trabajo de gran altura técnica y no menos vivaz y cargado de energía. Fué un excelente escaparate de ilusión por la práctica y deseo de compartir una vivencia plena de aplicación universal.
Cumpliendo su promesa de proporcionar indicaciones valiosas para los practicantes de alto nivel (no en vano el curso venía marcado como de preparación de tercer y cuarto dan), Gilbert se centró en mostrar conceptos de aplicación universal, más que en una demostración técnica. Hizo reiteradas referencias a los principios más elevados del aikido, dejando que la experiencia práctica de los mismos surgiera de la comprensión de los mismos, no tanto de la repetición de movimientos predefinidos. Hizo hincapié en la necesidad de comprender el sentido íntimo de los movimientos, los valores que los inspiran y su realización precisa.
Un acertado recurso al trabajo de armas para facilitar el aprehendimiento de los conceptos y una habilidad destacable para descubrir los "nudos" que impedían a los practicantes acceder a las mejores realizaciones han hecho de Gilbert uno de los maestros más recomendables para todo tipo de aikidocas. Siempre que éstos estén comprometidos en la búsqueda y el camino de mejora personal. Cuando un maestro se ofrece a enseñar de forma tan sincera, es un desafío para el alumno estar a la altura del compromiso.
Siendo una persona amable, respetuosa y humilde, es difícil encontrar mejor ejemplo de actitud marcial y entrega al estudio y dominio del aikido, dentro y fuera del tatami. Resulta muy sorprendente y agradable encontrar tal nivel de frescura en cualquier ámbito de la vida tras tantos años de práctica y estudio. Ejemplarizante, si se quiere ver de ese modo.