jueves, junio 29, 2006

Irimi y Atemi: La distancia correcta

Aprovechando la línea de trabajo que se origina en el concepto "Irimi - Atemi" es interesante estudiar algunas de las primeras derivadas de su aplicación, desde un punto de vista técnico. Una de las sensaciones más interesantes que he experimentado recientemente en la práctica de aikido está vinculada al curso que el maestro Gilbert Milliat celebró en Granada en fechas recientes y que está relacionado directamente con el tema propuesto: la distancia correcta.

En dicho curso, además del concepto de permitir la continuidad del atacante no bloqueando su trayectoria ni interfiriendo la intención de su centro percibí una distancia de trabajo diferente a la de otras prácticas. Me resultó particularmente evidente en el trabajo de "shomenuchi - ikkyo".

Anotada dicha sensación y catalogada como muy agradable y llena de contenido, ha reivindicado su presencia recientemente en el trabajo de "irimi - atemi". De alguna forma se ha establecido una relación entre un concepto que se venía trabajando en el dojo de forma independiente y una sensación memorizada como muy interesante a la espera de ser estudiada.

Tomando el concepto "irimi-atemi" como una primera opción a la hora de tratar una agresión, sea un agarre o un golpe, un trabajo básico induce a la realización de un desplazamiento (irimi) hasta un punto en que la realización (atemi) puede ser llevado a cabo con la máxima eficacia. Sin menoscabar otras prácticas, también correctas y perfectamente posibles, me gustaría hacer hincapié en un punto de partida que ligue el trabajo de irimi-atemi desde el punto básico de la entrada y el golpe literal, hasta la ejecución de la técnica.

En numerosas ocasiones he experimentado la sensación de que, llegado un determinado punto, es incompatible el atemi (el ataque puro y duro, tras la entrada correspondiente) con el desarrollo de la técnica. Ante una determinada agresión, por agarre ó por golpe, la primera aplicación de principio irimi-atemi, es la entrada y la descarga del golpe. Esta estrategia, llevada a la práctica con sinceridad, es incompatible con el desarrollo posterior de una técnica. Si el atemi es sincero y las condciones son las que deben ser, se finaliza la situación tras el atemi exitoso; uke no tiene opciones de respuesta ni son necesarias, ya que la descarga es contundente, colocada y definitiva.

Creo, a día de hoy, que los atemis amagados, sin intención, con la única misión de "distraer" o hacer que el uke "afloje" un agarre, no son apropiados en el estudio del aikido. No cuestionaré, ni a favor ni en contra, su posible utilidad en una situación real, pero creo que tales amagos no tienen garantía alguna, no son precedibles sus efectos y su control y éxito no están en manos del tori, sino en una combinación de circunstancias que hacen que no puedan formar parte del estudio. Es cierto que un golpe de distracción puede funcionar, pero basar el entrenamiento en una circunstancia tan poco consistente como que el uke se distraerá con un atemi amagado (o planteamientos similares) es una pérdida de tiempo.

Aunque así fuera, sería como esperar que el atacante tropezara, estuviera distraido, pasara un transeúnte o cualquier otra circunstancia que, escapando al control del tori, no tiene sentido "ensayar". Si algo está claro es que el estudio se lleva a cabo entre aquello sobre lo que se tiene alguna influencia. Dicho de otro modo, si mi solvencia está en los deméritos del otro, no tiene sentido el estudio.

Por tanto, creo que el atemi que tiene sentido es el que es sincero, con intención de resolver definitivamente la situación. En tal caso, si la situación es solucionada de este modo, carece de sentido continuar con una técnica. Por otro lado, la técnica sólo puede tener lugar si el atemi no tiene éxito, ó no se produce. Es interesante esta doble vertiente. Un atemi sincero que no tiene éxito no es lo mismo que un amago de atemi. Este es un tema que dá para un estudio propio, que no es el objeto de este comentario.

En cualquier caso, como estudio práctico, quizá debería mostrarse que cada técnica posible, tiene un precursor en un irimi-atemi exitoso. Y es aquí donde se enlaza el concepto irimi-atemi con la distancia correcta. El primer ejemplo de distancia correcta para la ejecución de una determinada técnica podría establecerse en la distancia correcta para el atemi correspondiente precursor de dicha técnica. Suena un poco farragoso así que intentaré explicarlo con un ejemplo.

Consideremos una técnica básica de ejemplo, como aihanmi katatedori - ikkyo, de las primeras en ser enseñadas a los principiantes. La tendencia habitual es a realizar la técnica excesivamente lejos del uke, en parte motivado por la visualización de que se trabaja "sobre el brazo" de atacante. Esto suele originar un tori con el eje inclinado, poca consistenica en la realización y la sensación de oportunidad de abortar el trabajo en el uke. Una forma que tiene el practicante para ver si está una buena distancia es retrotaerse al "atemi precursor". Si el tori desarrolla un irimi a una posición tal que no estorba al uke en su trayectoria y su distancia le permite desarrollar un atemi potente, sin sacrificar su eje, se podrá apreciar que la distancia de trabajo es netamente más corta que aquella en la que se estaba intentando desarrollar el ikkyo inicialmente, todo esto en el supuesto de que la distancia fuera, como se consideró al inicio, excesiva. (NOTA: el atemi se lleva acabo por debajo de agarre, elevando el mismo por encima de la línea de trayectoria que va de la mano libre al objetivo del atemi, habitualmente el rostro del oponente). Si aplica esta misma distancia (ni un centímetro menos) y realiza el movimiento de ikkyo en lugar del atemi, encontrará que el uke pierde su eje sin apenas esfuerzo, que pierde asimismo su orientación y que el dominio de tori resulta evidente para ambas partes.

Dos matizaciones importantes respecto a esta práctica:

a) Al revés de lo que podría parecer en principio, es muy posible que una misma técnica tenga varias posibles "distancias correctas" puesto que, en mi opinión, no es un problema sólo de posicionamiento externo (tori vs. uke) sino también de posicionamiento interno (tori internamente en posición / situación correcta)

b) Esta práctica es el punto de partida en la interiorización de un principio, un ejemplo de todo un estilo de realización. Es un punto de descubrimiento especialmente ligado a ejecuciones muy estáticas, con muy poca dinámica en el movimiento, muy pausadas. Cuando la continuidad y/o la dinámica se incrementa, las distancias tienden también a crecer, ya que el efecto de los movimientos tienen un decalaje y un tiempo de reacción en uke que hacen que la distancia entre centros tienda a reducirse, por lo que conviene comenzar el trabajo antes para que el momento de eclosión se produzca en la situación idónea de armonía entre ambos practicantes.

Resumiendo, el binomio irimi-atemi tiene una aplicación directa evidente y puede servir de partida para el reconocimiento de lo que puede ser una "distancia correcta". El comentario técnico no sustituye nunca a la clase o a las indicaciones del profesor, pero un practicante puede encontrar una referencia en la "distancia de atemi" para mejorar su punto de partida y hacerlo de forma individualizada en su propia práctica, corrigiendo configuración de su eje y dando solidez y consistencia a la ejecución de sus técnicas.

Si experimenta en algún momento una sensación diferente y mejor, este artículo habrá consieguido, con creces, su objetivo.

lunes, junio 26, 2006

Explicaciones y Ukes

Hace tiempo que deseaba escribir sobre la didáctica de las clases de Aikido, pero es un tema amplio que resulta muy difícil de abordar globalmente, así que me he decidido ha hacerlo por partes, tomando como primera parada la labor de uke que se lleva a cabo en las explicaciones del profesor.

Lo primero es aclarar que la forma en que los profesores enseñamos es, básicamente, aquella en la que aprendimos. En ocasiones se introducen algunas variaciones pero la esencia suele ser la misma. La mayoría de las clases de aikido se articulan en torno a un hilo conductor común a toda la clase, que transmite un principio o un concepto que se considera importante. De forma sucesiva, el profesor inserta explicaciones en la clase, demostrando técnicas que apoyan el concepto que quiere transmitir. La práctica intercalada permite a los alumnos aprehender dicha experiencia en base a la repetición y a la atención en los puntos reseñados. Esta práctica suele ser por parejas, o a veces en grupo.

Sin entrar en pormenores, creo que la primera experiencia didáctica que tiene el alumno de aikido es la de ser el uke de una explicación del profesor. Se produce mucho antes de que se esté capacitado para enseñar y muchas veces, incluso, sin compreder el sistema del que se forma parte. Por eso éste es el primer tópico que he elegido. Configurar una buena base al comienzo, comprender lo que se hace, las causas y consecuencias es la mejor baza para que la experiencia sea satisfactoria.

Para empezar, la situación de ser uke del profesor es una situación sobrevenida. Salvo en contadas excepciones en que un profesor se desplaza con su uke a dar una clase, normalmente cualquiera de los asistentes a la clase puede ser uke en una explicación. El hecho de participar en la demostración de una técnica tiene varias connotaciones que conviene reseñar:

a) La experiencia es única. Actuar como uke marca una diferencia entre al alumno que participa en la demostración y aquellos que la observan. Es radicalmente diferente ver una técnica desde el suelo que participar en ella. Sólo hay dos personas que tienen acceso directo a la experiencia de la tecnica demostrada, una es el profesor, otra es el uke. Así pues, se está en una posición privilegida para comprender la naturaleza de lo que se quiere demostrar, y se tiene una variedad y número de percepciones muy superior a aquellos que tan sólo la ven desde el tatami. Un uke con afán de aprender, atenderá a la explicación, y a las sensaciones que el profesor que demuestra la técnica crea en él, para intentar repetirlas y hacerlas propias no solo desde su morfología externa, sino también desde el punto de vista sensitivo que sólo él tiene. Por tanto tiene acceso a una "información privilegiada" que puede aprovechar si está atento y tiene desarrollada dicha capacidad de percepción. Crear dichas sensaciones en su propio uke en el tiempo de estudio posterior le permite tener mayor cantidad de recursos para hacer productivo el estudio.

b) Es corresponsable en la demostración de la técnica. Salvo que el profesor indique lo contrario, el uke tiene una responsabilidad activa en la demostración. Desde un punto de vista algo más elevado que la técnica concreta que se esté demostrando, el profesor está realizando una demostración de "aiki", de armonía en una situación que, a priori, parte de un enfrentamiento. Así, el profesor propone una solución en forma de técnica que permite gestionar la energía y la intención del atacante, desde los principios del aikido. Existen innumerables posibilidades de realizar esta gestión saltándose talas principios, elección perfectamente respetable que muchas otras artes marciales y sistemas de lucha aceptan, propugnan y entrenan. Sin embargo, el profesro de aikido realiza esta "gestión" desde la óptica del aikido. Por tanto, se utilizan una serie de principios, de entre el universo de los posibles, para inspirar la técnica y el movimiento. Este mismo espíritu debe existir en la labor del uke.

Muy a su pesar, el profesor no puede "duplicarse" y actuar de tori y de uke al mismo tiempo, así que debe delegar esta tarea en el uke seleccionado. En mucha ocasiones, incluso pide al alumno que ha seleccionado que actúe como tori para mostrar la labor correcta de uke. Debemos preguntarnos ¿por qué?... Al igual que existen unos principios que asumimos como punto de partida para la realización de la técnica, existen esos mismos principios para la realización del ukemi correspondiente. El uke tiene una labor didáctica asociada al papel para el que ha sido seleccionado. Forma parte de su responsabilidad mostrar la parte "aiki" de quien recibe la técnica. Por tanto, así como el profesor circunscribe su actuación a la técnica que está explicando, el uke debe circunscribir su ukemi a la técnica que se está explicando. Ambos desde el punto de vista de aikido.

La demostración de la técnica no es un combate real, ni por parte del profesor ni por parte del uke. Es un recurso técnico para que el profesor transmita un concepto o un principio. Cada cosa tiene su momento. No es cuestión de dejarse llevar. Aplicar los principios de aikido nunca ha sido dejarse llevar. El uke tiene una gestión activa que llevar a cabo, debe mostrar, desde su papel, la labor de gestión de la energía y de la intención del tori, aplicando los principios de aikido que le permiten armonizarse con tori y con el desarrollo de la técnica. Si la responsabilidad del profesor es mostrar la técnica desde el punto de vista "aiki", la responsabilidad del uke es mostrar el ukemi desde el punto de vista "aiki". Ni más ni menos.

Ante este planteamiento surge la inmediata pregunta: "¿Debe el uke 'dejarse'?" Seguramente es una pregunta mal planteada. ¿Va el uke ha hacer dejación de su responsabilidad en la enseñanza de la técnica, en la parte que le corresponde? Creo que es una descortesía, en primer lugar y una falta de respeto al profesor y a los compañeros, en segundo lugar. Entonces, si el uke tiene sus dudas, sean de efectividad, de técnica, de teoría o de práctica respecto a la propuesta del profesor ¿como proceder?

Entiendo que ningún profesor que aprecie la sinceridad de la práctica y de la enseñanza debe tener problema para solventar (o intentar solventar) las dudas de un alumno. Supongo que esa relación de confianza existe entre un profesor y sus alumnos. Lo que debe quedar claro es el marco de trabajo. Una vez demostrada la técnica, en la forma en que el profesor desea proponerla, no veo inconveniente en cambiar el marco de demostración por el marco que el alumno que tiene una duda desee plantear. Si el alumno duda de la efectividad de una técnica, puede plantearse una práctica más cercana a la eficacia con todas sus consecuencias (ataques más intensivos, improvisación, anulación y control real del ataque, etc). Si las dudas del alumno son en plano teórico, de relación con otros principios o con similitudes en otras prácticas, pueden estudiarse estas ramificaciones y observar a donde conducen. Todos estos cambios de marco no invalidan la demostración inicial, sino que la complementan.

Es más, si se puede encontrar una alternativa al ukemi correcto, que respete los principios del aikido y que ponga en cuestión la demostración, todo el mundo debe felicitarse porque es una búsqueda con resultado positivo, y el profesor debe ser el primero en reconocerlo y aprender de ello. Pero esto sigue sin invalidar el primer trabajo ;-)

Dicho de otro modo, el uke no tiene libre elección en la demostración de una técnica al colectivo de practicantes. Tiene una labor que hacer, que ha de ser solvente y vinculada a la técnica demostrada. Todo ello es un conjunto completo. El uke que es seleccionado para mostrar una técnica no está en fase de estudio, de cuestionamiento, de competición o de comprobación. Cada una de estas fases es posible y puede plantearse con el propio profesor o con otros compañeros, pero no tiene sentido hacerlo durante la demostración. Supuestamente, se está recibiendo una enseñanza valiosa de un profesor a cuya clase se ha acudido con intención de aprender. Si la transmisión de este conocimiento del profesor a los alumnos no es el objetivo de la clase, debemos preguntarnos la razón por la que asistimos a la misma.

Se puede cuestionar una explicación, un técnica, un profesor o el aikido de forma completa: es una potestad del alumno hacerlo. Pero cada cosa tiene su momento. Hay un momento para la explicación, uno para el estudio y la búsqueda de los inconvenientes y otro para la búsqueda de la eficacia. Basta con cambiar el contexto adecuadamente.

Habitualmente los maestros sacan con frecuencia a un conjunto reducido de ukes para sus explicaciones. Tengo el convencimiento que ésto es así no porque los maestros no puedan realizar la técnica que quieran proponer con cualquiera de los presentes, sino porque los ukes que tienden a sacar son los que mejor ejemplifican el "aikido de uke" que consideran didácticamente más apropiado, y eso no tiene que ver con que salten mas o salten menos, que de todo hay, sino con las personas que perciben y reaccionan de forma más adecuada.

Al final, el "aikido de uke" no es sino "aikido" corriente y moliente... y algunos de los que saltan y brincan no son necesariamente los mejores ukes. Dicho de otro modo, si uno salta y brinca sin ser entender los principios de aikido que avalan su trabajo, debería revisar su práctica.

El ukemi es un trabajo de aikido completo. Si al realizar la técnica no recurrimos a fuerza ó a la violencia, no puede defenderse esta postura cuando se trabaja de uke. Si cuando se nos pide realizar una técnica concreta se nos restringe la libertad creativa, nos queda igualmente restringida cuando somos ukes de esa misma técnica. Si se nos corrige la desidia o la desconcentración en la realización de una técnica como tori, la falta es la misma cuando somos el uke.

Cada recomendación para mejorar la práctica del tori es aplicable para el uke. Cada corrección posible para el tori es una corrección posible para el uke.

Al fin y al cabo, el uke es tori de su propio ukemi.

martes, junio 20, 2006

Comentario Técnico: Irimi y Atemi. Parte I

Como un mantra, la frase "Irimi y Atemi" se repite en los dojos de aikido como una de las esencias del Aikido, así consagradas por O Sensei en su labor de estudio a lo largo de su vida. Aunque es atractivo repetir una fórmula que nos ha sido transmitida como fundamental, el verdadero valor de la misma surge, según mi parecer, de la reflexión que induce en el practicante.

Este comentario técnico no es sino una reflexión en voz alta sobre dicho paradigma. Seguro que habrá muchas y mejor cualificadas opiniones al respecto, pero todas ellas estoy seguro de que resultarán complementarias entre sí, nunca incompatibles.

Creo que la experiencia directa es una excelente medida de aproximación. La primera parte, "irimi", es el motor. Habitualmente traducido por "entrar" tiene una connotación no sólo física, respecto al acortamiento de la distancia con el uke, sino también en el sentido mental, desde el punto de vista de el aprovechamiento de la ocasión, de reconocimiento del momento oportuno y como solución estratégica de la agresión, y finalmente un sentido espiritual, que tiene que ver con el convencimiento interior de penetrar en los esquemas del oponente, manifestando cualidades como la valentía (bien entendida), la aceptación del otro y de la situación creada.

Todo este "irimi" está conceptualizado no como un fin en sí mismo sino como un medio enfocado a un "atemi". El "atemi" es traducido como golpe. Esta definición es demasiado poco sutil. El sentido de "atemi" puede ser, quizá, algo más extenso. Es la culminación, la ejecución de la superioridad lograda gracias al "irimi". Yo la identifico más con la manifestación de la energía contenida en el movimiento. Si el "irimi" transporta dicha energía, dicho potencial, el "atemi" lo hace patente desde la ventaja.

Conviene recordar que las artes marciales siempre tratan de operar desde la ventaja. Son los deportes los que desean partir de una situación de igualdad. El arte marcial, por definición, es la búsqueda de la superioridad en todos los planos y en toda la línea temporal.

Desde un punto de vista estratégico, "irimi - atemi" es la esencia de la ejecución de cualquier decisión a cualquier escala. Dada una situación que exige una intervención por nuestra parte, es evidente que lo que hay que hacer es identificar la acción a tomar y la situación que mejor propica, que más partido saca de dicha acción. Encontrar la mejor situación es "irimi", llevar a cabo la acción es "atemi".

La primera aproximación que se encuentra en el dojo a la aplicación de este principio es el desplazamiento hacia el uke y la descarga de un golpe en el momento apropiado. Este desarrollo es claramente "irimi - atemi". Sin embargo, no es menos cierto que en la ejecución de una técnica de aikido convencional, se debe aplicar este mismo principio a rajatabla. En la perfecta ejecución de un ikkyo debe estar implícito un movimiento de "irimi - atemi" tan claro como en el caso anterior. El desplazamiento debe ser preciso, el ejercicio mental de concentración, de reconocimiento del momento oportuno, de previsión es igualmente inevitable y el estado mental de entrada en todos los planos del uke, así como de aceptación de la situación y de valentía al entregarnos a una ejecución sin reservas han de ser manifestamente claros. Así se manifiesta "irimi". Toda la preparación, todas la coyuntura ha sido controlada para que la ejecución pueda ser perfecta. Este "irimi" hace que la distancia, el momento, la relajación, el control, la precisión sean las más propicias para la ejecución. Y dicha ejecución es el "atemi". La manifestación de todo el potencial elevado a su máxima expresión gracias al "irimi". Así, todo el trabajo de "irimi" se aprovechará en el "atemi". Si tomamos el modelo del golpe, éste será más perfecto si es preciso, controlado, medido, con el efecto deseado, con el mínimo esfuerzo, con el mayor respaldo de resto del cuerpo, obteniendo de mi cuerpo el máximo rendimiento y haciendo que el uke pueda obtener el mínimo del suyo. Exactamente igual que una técnica convencional de aikido.

Así queda configurada una ejecución satisfactoria. Que "irimi - atemi" es entrar y golpear, estamos de acuerdo. Que puede llegar a ser mucho más si se le busca un significado aplicado a la propia experiencia de aikido es, cuando menos, deseable.

martes, junio 13, 2006

Homenaje a Ricardo


Fué una fiesta en todas sus dimensiones. Buena práctica, buena compañía y un ambiente estupendo en el que disfrutar de un rato entre amigos y conocidos. Comenté con alguien que es el tipo de reconocimiento que todo el mundo debería tener, al menos una vez en la vida, se dedique al aikido ó no.

Antes que nada, agradecer a todos los que colaboraron en el evento el buen rato que nos hicieron pasar. Lo justo sería nombrar a todos los que han ayudado pero, por no dejar a nadie fuera, quisiera reseñar sólo a una persona: gracias, Manoli.

Vinieron muchas personas de tiempos anteriores y actuales y el resultado fué genial. Felicidades a todos los que asistieron y sana envidia para todos los que quisieron asistir y por una u otra razón no pudieron venir.

Una celebración como ésta dá que pensar. En mi opinión es, en primer lugar, una manifestación de agradecimiento. Ricardo es una persona peculiar que no deja indiferente a casi nadie. Tiene sus cosas mejores y sus cosas mejorables, como todos. Pero, sobre todo, tiene un corazón como una plaza de toros. No lo digo porque Ricardo sea un sentimental, que no lo es. Lo que sucede es que es alguien que te ofrece lo suyo de forma honesta, sin reservas, sin dobleces. Es sincero para la alabanza y para la crítica. Acepta opiniones contrarias a la suya y puede cambiar si se convence de que la posición del otro es mejor que la propia. Es íntegro, un hombre de principios, que es mucho decir hoy en día. Y es amable, prefiere sumar que restar. Todo esto le hace, desde mi punto de vista, querido y respetado. Y así se le mostró, sin matices.

¿Defectos?... quien no los tiene, pero la vida hace mucha estadística. Las personas que acudieron el domingo pasado a la clase y a la comida fueron por voluntad propia, queriendo estar allí y no en otro lugar. Y lo hicieron con una idea positiva en la mente y para toda la concurrencia, Ricardo incluido. La única razón para estar allí era querer compartir con la "familia de aikido" ese momento y decirle a quien ha sido tu profesor, y para algunos también maestro, gracias por lo que has hecho durante estos más de 30 años. Tantas personas con tan buenos sentimientos reunidas en torno a alguien, no es fruto de la casualidad, ni de la coyuntura. La realidad es tozuda con según que cosas...

Se echó de menos a algunos, que dejaron de venir por razones diversas. No todos los ausentes son iguales. Algunos no pudieron venir, otros no quisieron. A veces se le pide algo a alguien y la solicitud va en favor del solicitado y no del solicitante, y los hay que ni siquiera se dan cuenta de ello. La vida es como el agua, acaba llenando todos los huecos. El hueco que se queda es evidente al principio, difuso despues y al poco ya no se echa de menos.

Si Ricardo nos ha enseñado claramente es que hay que estar ahí, al pie del cañón. Lo que se hiciera en el pasado ya está amortizado, el ahora es lo importante y el que abandona se pierde. Siempre se puede volver, si se quiere, pero cada momento de ausencia resta en su contra, porque el tiempo no vuelve y aquel tiempo que no se aprovecha, se pierde irremediablemente.

Que cunda el ejemplo.

jueves, junio 08, 2006

Curso de Granada. Comentario Técnico (Parte II)


Sin querer abarcar en modo alguno la extensa enseñanza del maestro Gilbert en el curso de Granada me gustaría aportar a este espacio alguna de las reflexiones que el fin de semana a propiciado en mí mismo.Mi intención no es definir ni determinar la enseñanza, sino colaborar con mi punto de vista. Por tanto es una opinión con la que se puede ó no estar de acuerdo y toda aportación en referencia a esto será bienvenida.

Uno de los conceptos que más me ha dado que pensar es el sentido de URA aplicado a las técnicas. A medida que he ido avanzando en el estudio de aikido, he pasado de manejar absolutos a poner sobre el tapete conceptos que me fueron enseñados como pilares básicos y que, sin dejar de serlo, está sujetos a matizaciones que enriquecen el conocimiento completo.Básicamente me ha parecido muy refrescante la idea de ceder mi lugar en el espacio a mi UKE. Seguramente es una idea que he estudiado y comentado largamente con muchos de mis compañeros y profesores, pero me ha gustado la forma concreta que el maestro Gilbert ha dejado impresa en mi memoria.

Es un concepto que alinea los niveles físico, mental y espiritual del aikido para un elemento de estudio concreto y palpable. Resulta, como poco, prometedor. Gilbert plantea una posible solución ante un ataque, de golpe o agarre, consistente en ceder a mi oponente mi lugar en el espacio y actuar en función de esta previsión que, llevada a cabo en tiempo en forma, terminará derivando en una técnica ejecutada en URA.

Desde un punto de vista espiritual podemos aplicar un pensamiento bastante alienado con el fin último del aikido que es el de "dos no discuten si uno no quiere". Tanto el agarre como el ataque tiene su fin último en acceder a mi centro, por lo que la dirección y la potencia del mismo tienen tendencia a ocupar el espacio que mi centro ocupa. Desde un punto de vista mental, la estrategia de conocer el destino de mi atacante me permite prever una respuesta que resulte en una situación favorable para mí. Así pues, dispongo de un tiempo extra en el que preparar la situación mientras mi atacante, si no es interferido (he aquí una de las diferencias evidentes pero frecuentemente ignoradas) desarrolla su ataque.

La no-interferencia ha de ser completa, palmaria. No se trata de "desviarle levemente", de "cederle en parte el lugar". Debe haber sinceridad de corazón y de acción al plantearse la no-interferencia. La primera cesión es mental, fundamentada en la seguridad de estar propiciando una situación más favorable (tranquilidad). La segunda cesión física, debo dejar ese espacio vacío y desplazarme completa y correctamente a una nueva posición que en el punto de maduración de la técnica resultará más ventajosa (desplazamiento). La tercer cesión es la de los agentes (brazos y manos), que evita que el contacto previo a la ejecución altere, bloquee ó ponga en alerta sus propios agentes, reteniendo el flujo de energía en las articulaciones del agresor y precipitando una reacción imprevista que invalide las expectativas manejadas.

Para que el contacto no resulte perjudicial para la realización de la técnica se debe comprender la trayectoria e intención de los puntos en que se efectuará dicho contacto y el momento en que sus desarrollos se agotan, se vacían. En dicho momento, que alcanzamos acompañandole y no obligándole, tomamos la iniciativa y reconducimos el movimiento hacia dinámicas que nos convienen para la ejecución global.Esta cesión viene seguida de un tiempo, a veces corto y a veces largo, en que el UKE entrega con libertad su energía y que TORI aprovecha para dejar que las cosas sucedan.

Es muy importante permitir que las cosas ocurran según hemos previsto. Para ello nos hemos preparado durante toda la etapa anterior. La precipitación, el ansia de finalizar pueden frustrar la buena realización. Todo está preparado para alcanzar una situación de suma ventaja. Para que todo este trabajo dé el resultado deseado hay que saber esperar al momento oportuno (aunque sean fracciones de segundo). Cuando dicho momento llega la ejecución deviene en una resolución sumamente sencilla. Está todo tan preparado para tener éxito que una pequeña colaboración técnica por nuestra parte es suficiente para que el resultado sea el esperado.

Sin prisa y sin tensión ejecutamos la técnica (o lo que los malos estudiantes hemos identificado como "la técnica" :-) que fluye de nuestro conocimiento y experiencia anterior para hacerse real en ese momento. Una buena distancia de trabajo, un buen eje vertical que nos dé solidez y capacidad de potencia y precisión en los pequeños detalles son los eternos ingredientes imprescindibles que construyen con satisfacción el trabajo completo.

Parece que algo de AIKI puede destilarse de este planteamiento, aunque del dicho al hecho... ya se sabe.