Recientemente he asistido a un curso impartido por un reconocido maestro en el que he coincidido con gran número de viejos conocidos. Muchos de ellos llevan años y años asistiendo a cursos y me consta que practican con frecuencia en sus propios dojos o en los de sus profesores. Sin embargo, cuando algunos desarrollan su trabajo de clase, siguen dándome la misma impresión que me daban hace tiempo. Ésto, aguijoneado por un comentario de un compañero de práctica que me comentó la incómoda tendencia de varios practicantes que había encontrado, tan atentos a corregirle, incluso contradiciendo flagrantemente la explicación anterior del maestro, me ha hecho pensar.
No sería justo tildar de pedantes a todos ellos. Es más, por el tipo de persona que acude con frecuencia a los cursos de aikido, creo que hay más intención de ayudar que de satisfacer el propio ego (¿sonrisas?), pero aún así el resultado es un desastre.
Ni te permiten practicar concentrado en tu propio trabajo, ni puedes contar con su trabajo para desarrollar el tuyo, ni aprovechas el tiempo. Parece que el practicante que se empeña en corregirte ha de llevar razón o morir en el intento, destrozando el trabajo constructivo de ambos y sumergiendo la práctica en una competición en la que lo único importante es ejemplificar unas tesis anunciadas previamente, a buen seguro equivocadas (si el aikido pudiera verbalizarse y ser pleno, haríamos los cursos en aulas de conferencias y no en tatamis)
En todo caso pienso que muchos practicantes de aikido deberían reflexionar sobre el trabajo personal, sobre su trabajo personal. Cuando las personas acuden a un dojo a practicar unas horas por semana, asumen que su actividad de "aikido" se produce en el horario que marca el gimnasio. Parece algo normal, puesto que es el tiempo que se paga y el que se consigna para dicha tarea. Lo que ocurre es que hay personas que nunca pasan de este punto. Creen que acudir tres horas al tatami y tres o cuatro cursos al año son suficientes. Aquí eso donde discrepo.
Toda persona que haya seguido unos estudios sean primarios o de master de universidad saben que acudir a clase no es suficiente. Cuando se tiene interés por la materia y se desea progresar en ella existe un concepto llamado trabajo de clase (que es el que se da en horario lectivo) y un concepto llamado trabajo personal (que se da en horario lectivo y en horario no-lectivo)
La parte del trabajo de clase parece evidente: un maestro plantea una línea de trabajo, la explica, la relaciona con otros contextos, pone ejemplos y va llevando a cabo correcciones y orientaciones según le parece que las mismas sirven al objetivo planteado. Esta parte queda sobre todo en manos del profesor y de su habilidad para transmitir el mensaje que desea y los principios que lo respaldan.
De forma complementaria, queda por hacer el trabajo personal de cada uno. En este punto, el practicante puede adoptar varias actitudes:
- puede aplicarse, algo que se echa de menos en esta sociedad donde la ética del trabajo anda de capa caída, y tratar de hacer aquello que el profesor ha solicitado, en la forma en que lo ha explicado para alcanzar el conocimiento y la vivencia que se quiere transmitir .
- puede "pasar" y limitarse a cumplir el expediente, sin mayor interés por desentrañar el trabajo propuesto, remitiéndose a sus viejas formas conocidas sin pretender realmente innovar en su trabajo. Puede que haga esto por desidia, exige menos esfuerzo y es un mero trámite, por inseguridad, cree tener una fama ó un nivel ó un reconocimiento que podría "peligrar" por intentar cosas nuevas que bien podrían no salir al principio y eso le hace remitirse a lo "malo conocido", o incluso por ignorancia, ya que quizá nadie le ha explicado que la práctica no consisite en identificar cuales son las similitudes entre el propio trabajo y el propuesto, sino cuales son las diferencias para enriquecerlo. El proceso de aprendizaje exige la renovación de esquemas no la confirmación de los antiguos. Una de las ventajas del ser humano respecto a otros animales es la capacidad de abstracción que permite contemplar dos situaciones y extraer de ambas la parte común, para no tener que acordarse de ambas, sino tan sólo de aquello que comparten... pero esto es solo una verdad a medias: tiene sentido si la parte común que se extrae se define como el sustrato fundamental. De otro modo es una curiosidad anecdótica. En el caso de una técnica de aikido en un curso el objetivo del practicante debe ser identificar las diferencias con su propio concepto y trabajar sobre esto, no identificar las similitudes que hacen que repita lo que ya tiene asumido sin aportar(se) nada nuevo.
- puede interferir en el trabajo de los demás. Esto es seguramente lo peor que puede hacerse y es, por desgracia, bastante común. Ya sea por un ego mal dimensionado como por un exceso de bienintencionado proselitismo, insistir en demasía en un aspecto particular del trabajo desde "nuestro" punto de vista, sin respetar al compañero (ni su tiempo, ni su trabajo, ni su persona) es una falta de respeto a él y a nosotros mismos. Hay quien desea sentirse importante y hay quien quiere ayudar o se cree en la obligación de "enseñarnos". Al final, al practicar con este tipo de personas hemos perdido nuestro tiempo. No hemos podido aplicarnos en el trabajo propuesto porque el compañero no nos ha permitido llevar a cabo nuestra interpretación.
Al final lo que falla es el concepto de trabajo personal. Aprender aikido es algo más que asistir a clase. Ése algo más está relacionado con la elaboración personal que ha de manifestarse en clase, durante la práctica y fuera de clase, ya sea en forma de reflexión, de conversación o de observación. En la escuela también había varias clases de niños que iban desde los empollones hasta los problemáticos pasando por los aplicados, los neutrales, los pasotas y los revoltosos. Recurriendo un poco a la abstracción, podremos identificar estos mismos roles en un curso o en una clase.
Atención: es muy importante no demonizar ni ensalzar irreflexivamente a unos y a otros. Hay ocasiones en que los aplicados los son por las razones mas despreciables y los revoltosos tienen una inspiración intachable, pero es bueno ser consciente de esta realidad y nuestra posición dentro de ella. De este modo seremos libres para elegir donde queremos estar y cuales serán los principios que regirán nuestra conducta.
El trabajo personal es la herramienta que va de aquello que propone el maestro a nuestra propia práctica. Si hay poco trabajo personal seremos imitadores de nosotros mismos, si hay un poco más, seremos imitadores del trabajo de otros. Luego, añadiendo más trabajo, seremos generadores de trabajo propio y, con más trabajo aún, algunos llegarán a ser inspiradores del trabajo de los demás, como lo son los grandes maestros.
El trabajo personal es una asignatura de libre elección, pero no cabe duda de que marca la diferencia en la calidad de la práctica personal del aikido. En mi opinión, el ejercicio de aikido es beneficioso para la persona y por tanto, en un plano personal, es mejor practicar más y mejor puesto que el beneficio se incrementa. El tiempo así invertido rinde mucho más cuando existe un trabajo personal comprometido y sostenido a lo largo del tiempo.
Para aquellos que gustan de comparaciones, la primera diferencia que salta a la vista entre practicantes, independientemente del nivel que tengan, es la cantidad de trabajo personal que se refleja en su práctica... sean cuarto kyu ó cuarto dan... ;-)
jueves, noviembre 16, 2006
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