Este fin de semana he asistido a un nuevo curso de Aikido en Alicante. Llevo muchos años acudiendo a los cursos que organizan los compañeros de allí, pero esta vez se han superado. Lo primero que quiero es felicitar a Javier de María por una organización impecable y por habernos hecho sentir como en casa... mejor que en casa, otra vez.
Este curso ha sido impartido por Gilbert Milliat. Desde luego, hay aikido para todos los gustos, pero lo que este gran maestro enseña es digno de figurar entre las prioridades de cualquiera que tenga ganas de aprender y ojos en la cara. Me cuesta recordar un ejemplo tan equilibrado de conocimiento, actitud, orientación y humanidad. Ha sido un curso genial, no sólo porque lo hayamos pasado bien, sino porque ha sido tan palpable, tan cercano, que uno no se explica como puede andar perdido la mayor parte del tiempo.
Vayamos por partes: la organización del curso ha sido un éxito porque se han encontrado él planteamiento excelente y el contenido valioso. El curso se ha estructurado como de preparación para candidatos a examen de tercer y cuarto dan, otorgando para ello un tiempo dedicado exclusivamente a los practicantes de cierto nivel. Durante este tiempo, el maestro Gilbert no se ha limitado a una enseñanza convencional, sino que ha ido un paso más allá. Ha hecho partícipe a la clase de sus propias reflexiones sobre lo que tales grados significan. Ha hablado de la actitud, de los conceptos subyacentes, del aiki, de la implicación. Ha dicho claramente donde radica la diferencia, como el trabajo a dicho nivel debe llevarse a cabo sobre las bases mismas del aikido personal. Ha mencionado que la armonía no es un efecto, sino un objetivo a perseguir, una actitud respecto al aikido y a la vida. Ha dejado claro que cada cual no debe esconderse tras la técnica, la condición física ó las excusas que nos engañan y hacen aceptable un bajo nivel de implicación. En fin, que ha venido a ponernos las peras al cuarto.
Pero lo mejor de todo, ha sido el modo en que nos ha querido transmitir el mensaje. No desde el lado del que corrige los fallos de otros, sino desde la compasión, entendida como franca empatía. En sus explicaciones, ha mencionado la dureza del entrenamiento, la necesidad de asimilación por parte del cuerpo de lo que la mente comprende intelectualmente. Ha hablado de las dificultades del camino desde la perspectiva del que camina contigo, no desde la atalaya del que ya ha llegado.
En resumen, es un maestro que enseña el cómo además del qué. Su aikido es excelente pero no pretencioso, su actitud es marcial pero no hostil, su trabajo es sincero pero no brutal. Por extraño que pueda parecer, si uno no tiene aspiración de ser una estrella del "candelabro" del aikido, es el modelo inmediato y cercano.
Su perfección no radica en su infalibilidad sino en su planteamiento, en su actitud y en su enorme dimensión como ser humano.
Gracias, otra vez, por haber compartido con todos nosotros este trabajo.
martes, enero 30, 2007
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1 comentarios:
Que envidia me da leer el blog y ver lo que habeís disfrutado y aprendido, pero a veces, hay circunstancias personales que te impiden acudir a estas "fiestas".
Yo conocí al maestro Gilbert el año pasado en un curso que impartió en Granada. Todo el mundo me hablaba maravillas de él y quería comprobar si era cierto ( no hay nada mejor que ver con tus propios ojos y comprobar las cosas para poder juzgar u opinar) Efectivamente, según mi poca experiencia y nivel en la práctica de Aikido, reconozco que me pareció un gran maestro y una bella persona. Aunque fue un curso como al que habeis asistido, preparacion de 3º y 4º Dan, explicó e hizo una práctica para todos los niveles.
Espero volver asistir a algún curso suyo.
Un saludo para todos.
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