martes, mayo 08, 2007

El espíritu del principiante

Una de las más importantes recomendaciones que se indicaron en el reciente curso celebrado en el Dojo Shumeikan fué que debíamos acercarnos a la práctica con el "espíritu del principiante". Esta recomendación no es una receta, no tiene una fórmula. Más bien parece algún tipo de inducción a la reflexión personal.

El espírutu del principiante es un concepto que anida en la mente de cada uno. En primer lugar, es algo que no tiene sentido recordar sino a aquellos que llevan ya mucho tiempo de práctica y que han podido olvidar ó arrinconar en cierta forma dicho espíritu. Lo normal al transitar un camino es, sobre todo si el camino es largo y arduo, concentrarnos en el paso a paso, en el día a día. Superar las dificultades a medida que van surgiendo y acumular experiencia hace que en ocasiones se pierda de vista las razones que nos llevaron a echarnos al camino, ó las expectativas que entonces teníamos y que ahora han cambiado, influídas por los acontencimientos sucedidos.

A mí se me ocurren diversos puntos de interés para ahondar en este pensamiento. Como casi todas las cuestiones que tratan con nuestras actitudes ante la vida, hay dos vertientes claras en esta reflexión: una interior y otra exterior.

En la reflexión interior el espíritu del principiante pienso que debería reflejarse en una vuelta a las causas primeras de búsqueda que nos hicieron comenzar el camino. El principiante busca activamente, desea conocer, tiene ilusión y entusiasmo. Es una persona abierta, que bebe del conocimiento que se le ofrece. Muchas veces acudimos al dojo con la vasija llena y no cabe nada nuevo. El principiante viene al dojo con su vasija vacía, dispuesto a llenarla, con afán de llenarla con el conocimiento nuevo. Algunos practicantes antiguos han perdido esta capacidad. Van al dojo más por rutina, ó por compromiso, que movidos por la ilusión de aprender. Quizá parte del espríritu del principiante mencionado se refiera a esto.

No solo en la dimensión del conocimiento puede hacerse uno principiante. También en la dimensión interior de la actitud. La humildad con uno mismo es la eliminación de las barreras internas que uno se ha puesto a sí mismo tras un largo periodo de aprendizaje. No me cabe duda de que se han aprendido valiosísimos conocimientos tras tantos años de práctica, pero su contemplación no pueden sustituir a la actitud humilde de quien entiende y asume que le queda una inmensidad por aprender. La humildad no es un cualidad para la galería. Es una cuestión de higiene. Si nos aseamos en un momento dado, no damos por supuesto que ya no tendremos que hacerlo nunca mas. Hay que ser lo bastante sincero con uno mismo como para entender que el descubriento genial de hoy es la ortodoxia inmóvil del mañana, por lo que, haciendo un ejercicio de humildad, hemos de destruir nuestro bien construido sistema para volver a edificarlo, sin caer en la contemplación y admiración de aquello que ya sabemos hacer. El principiante no tiene un edificio de conocimiento previo y puede construir libremente. Nosotros debemos arrasar el solar para volver a construir un edificio mejor que el anterior. Y para hacer esto es necesario ser humilde.

Además de este sentimiento interior, existe un comportamiento social exterior que también puede remitirnos al espíritu del principiante. Personas con tantos años de práctica a sus espaldas son pilares reconocidos de sus respectivos dojos y cumplen habitualmente un papel determinado de guía y consejo para otros. Además se relacionan con ellos desde la perspectiva de la experiencia. No es ni mucho menos desaconsejable volver a ser un estudiante novato de tanto en tanto. Limpiar y asear el dojo, escuchar con atención las correcciones de otros sin llevar la "voz cantante", no ser tratados de forma especial. Este también es el espíritu del principiante.

Es normal que este espacio en el dojo esté reservado a aquellos que empiezan, ya que en estas actitudes y experiencias también hay un importante valor didáctico y no hemos de robar dichas oportunidades. Pero no me cabe duda de que volver a ser el último de la fila, el que acaba de llegar, lleva a nuevos, quizá olvidados, puntos de vista que ayudan completar el mapa global. Es muy significativo apreciar como los maestros consagrados no son capaces de actuar como principiantes al aceptar una corrección por parte de un tercero. Esto no tiene que ver con si la corrección es válida ó no, sino con la capacidad de privarse a sí mismos de su propia importancia y ejercitar, por un momento, la escucha activa sin prejuicios sobre el nivel comparativo.

Muchas veces pedimos al estudiante nuevo que confíe en nuestro criterio y que entienda que el comienzo del camino pasa por etapas de aceptación inicialmente incomprensibles que luego demostrarán su utilidad. Sin embargo cuando somos nosotros quienes ponemos en primer lugar el concepto del nivel comparativo que mantenemos quien nos intenta corregir, frente a la confianza en que su criterio pueda ser válido, estamos perdiendo la batalla con nuestro ego y quizá perdiendo la oportunidad de aprender algo nuevo.

Hasta para aprender de los errores del otro hay que, inicialmente, aceptarlos. Si los rechazamos ¿como estamos seguros de que estábamos en el buen camino?... Y, una vez aceptado e incrementado nuestro conocimiento incluso con aquello que ahora sabemos que no deseamos, ¿acaso no le debemos al otro este nuevo conocimiento? ... y con más razón si descubrimos que algo valioso que incorporar a nuestro saber.

Muchos de los que ostentamos altos grados y títulos muchas veces no somos capaces de mantener el control ni siquiera en la práctica del dojo, dejando a nuestro ego prevalecer sobre nuestro deber con nosotros mismos y con el espíritu del aikido... así que no me digan que no hace falta un poco más de espírtu del principiante en todos nosotros.

Hace falta... y mucho... para todos.